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domingo, 22 de agosto de 2010

sin título y sin moraleja

como no quiero caer en clichés simplemente voy a relatar dos episodios del rato que estuve jugando con mis sobrinos D. que tiene cinco años y M. que está a punto de cumplir tres. ya ustedes sacarán sus propias conclusiones moralejas e interpretaciones o no.

primero, estaba D. con su abuelo (mi tío) platicando sobre trucos de magia. El abuelo insistía en que la magia no existe, que todos son trucos que se tienen que hacer con cuidado para engañar al público, que quien los hace se tiene que mover con agilidad y que para poder hacer creer a la gente que está pasando algo distinto es muy importante que quien hace el truco no esté demasiado cerca de quienes lo están viendo. entre los muchos trucos que improvisaba el abuelo para entretener a D. y que luego le explicaba detalladamente, hizo uno en el que simulaba pasar una tarjeta de la memoria con la que habíamos estado jugando de una mano a la otra. D. es un niño extraordinariamente listo que entiende las cosas muy fácilmente pero para sorpresa del abuelo y la mía, se negaba a ver lo que tenía enfrente a pesar de que se lo explicamos tres veces. con brillo en los ojos sostenía que la carta atravesaba la mesa de madera del desayunador para llegar a la otra mano.

después, la abuela decidió adelantarle a M. su regalo de tres años (su cumpleaños es en quince días pero D. y M. viven en querétaro y sus abuelos en veracruz y no estarán juntos en el cumpleaños). M. emocionada y saltando en la silla, sacó de la bolsa algo envuelto en papel de china amarillo. era un pants rosa intenso que, con toda claridad no le hizo demasiada ilusión (sé que a la mayor parte de los niños no les encanta que les regalen ropa aunque siempre hemos habido excepciones). tras pararse muy derechita en lo que la abuela revisaba que fuera de la talla adecuada, alargó la mano hacia la bolsa de regalo y al ver algo más en el fondo, una enorme sonrisa apareció de pronto. Gritó "chicles" y con una emoción increíble dejó a un lado el pants y sacó un paquete de trident splash de menta. mi tía me había anticipado que eso ocurriría pero lo que no estaba esperando es que M. hiciera recordara todas las lecciones que ha recibido sobre la importancia de ser agradecido. en un ataque de claridad M. volteó hacia su abuela y le dijo "me gusta el traje pero también me gustan los chicles, gracias" y con una enorme sonrisa dejó la ropa tirada y se metió el primer chicle del paquete a la boca.

sábado, 2 de enero de 2010

tradiciones familiares

Después de todo, mi papá mejoró lo suficiente para permitirme volver a Puebla a pasar fin de año. Como la otra vez que me había quedado aquí, lo pasé en casa de mi tía M. Después de cenar y el primero, después de ir al cine con los primos jugamos infierno. De las tres partidas de anoche, gané dos y la maravillosa cantidad de $160.

En este momento estamos en la segunda partida de infierno en la noche y quedamos en mi casa nueve primos sentados en alrededor de una hoja de periódico con ocho círculos concéntricos, monedas de diez y una baraja española.

Me encantan las tradiciones familiares y crear nuevas tradiciones. Ir al cine con los niños después de la comida de Navidad, ir al cine con los primos después de la comida de año nuevo, reunirnos en mi casa después del cine el día primero para jugar y tomar nochebuenas. Mi grinchees es grande pero puedo declarar que aunque no me guste diciembre tengo que aceptar que amo los primeros de enero en Puebla con mis primos.

A menos de 26 horas de que empezó tengo que decir que 2010 pinta bien.

jueves, 3 de diciembre de 2009

mis hermanos


Mi hermana me sugirió que el post de hoy se llamara "Por qué admiro tanto a mi hermana menor" y aunque, como verán, ése no es exactamente el título, sí es la inspiración.

Como saben (y si no lo sabían, ya lo sabrán) tengo dos hermanos menores: una hermana, M. y un hermano, J. Los dos viven fuera de México hace varios años y los dos son sumamente importantes en mi vida.

Mi madre hizo la hazaña, o cometió la imprudencia, todo es cuestión de enfoques, de tener tres hijos por cesárea en un periodo de dos años, dos meses y doce días. Este hecho tiene, desde mi punto de vista, dos consecuencias principales: La primera es que mis papás no pudieron tener los siete hijos restantes para llegar a los diez con los que soñaban. La segunda, es que le llevo a mi hermano dos años, dos meses y doce días y a mi hermana un año, dos meses y catorce días. Lo digo no sólo para reafirmar una obviedad, sino para señalar que tener dos hermanos que para todos fines prácticos tienen mi misma edad, es una maravilla.

De chicos, mi mamá nos llevaba a los tres en la misma carreola, en una época en la que las carreolas eran mucho menos sofisticadas y no había aditamentos extras. Fuimos al mismo kinder, aprendimos a leer inexplicablemente pronto y sin que nadie nos enseñara. Jugábamos juntos: mi hermana y yo tratábamos de jugar con nuestras muñecas y mi hermano nos molestaba a las dos. Vimos las mismas caricaturas pues crecimos en un mundo en que la programación -sólo vespertina- del canal 5 era la única opción de televisión para los niños. Íbamos a las mismas fiestas, nos invitaban a los tres a las piñatas de los compañeros de los tres; después íbamos a los mismos quince años y más tarde hasta empezamos a ir de antro juntos. Crecimos, reímos, lloramos juntos. Hasta el día de hoy compartimos amigos.

Tenemos el pelo muy chino, los ojos grandes; somos cejones y narigones. Los tres somos ruidosos, conspicuos y bailadores. Los tres cantamos mal pero nos empeñamos en hacerlo sin importar quién nos oiga. Los tres procuramos, en la medida de lo posible, estar presentes en la vida de los otros a pesar de la distancia. Disfrutamos locamente el poco tiempo que estamos juntos y el resto del tiempo nos extrañamos también locamente.

Siempre he creído que tener hermanos es un derecho, a lo que mi hermana siempre agrega que lo ideal es tener por lo menos dos para que uno pueda escoger. La maravilla de mi caso es que no tengo que escoger. Mis dos hermanos son la neta y no les he dicho con suficiente frecuencia lo importantes que son para mí.