Mostrando las entradas con la etiqueta nocturna. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta nocturna. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de marzo de 2012

crecer

un día te das cuenta que el mundo no es bonito y que la vida no es justa. a veces es un golpe, uno de esos torbellinos que pasan, arrasan todo y te dejan a recoger los pedazos. generalmente, es más bien un caer en la cuenta que la burbuja que envolvía tu maquillada realidad ya no está y no tienes claro si se reventó o si más bien se fue diluyendo poco a poco. creo que crecer tiene mucho que ver con este ver el mundo con unos lentes distintos, que pueden ser cínicos, pesimistas, esperanzados o evasivos y que casi siempre llamamos realistas.
para algunos este hecho puede parecer catastrófico. muchos papás se empeñan en que ese momento no llegue nunca a la vida de sus hijos y menos aún a la de sus hijas. para mí la auténtica catástrofe es nunca despertar. 
en un mundo en el que pasan cosas terribles, todo el tiempo y en el momento menos pensado te tocan a ti, también pasan cosas que mantiene viva la esperanza. en un mundo hostil y plagado de mezquindad e injusticia se puede luchar por generar pequeños espacios de tranquilidad, de armonía, de solidaridad.
la belleza no tiene sentido si no hay fealdad, si no hay que luchar todos los días para crearla y mantenerla.

jueves, 9 de abril de 2009

Anoche

Anoche, en medio del delicioso insomnio vacacional, me atrapó un impulso extraño.

Explicaré las cosas, una a la vez.

El delicioso insomnio vacacional es la respuesta que tiene mi cuerpo y su siempre compleja relación con el sueño al desajuste que supone no tener que despertarme a las cinco y cuarto cada mañana y, en consecuencia, no caerme de sueño antes de las once. Ya que no importa a qué hora me levante, tampoco importa a qué hora me duerma y eso frecuentemente me conduce a horas enteras de un insomnio no angustiante que siempre he disfrutado leyendo novelas cursis o -como fue el caso de anoche- viendo películas malas.

El impulso extraño fue claramente resultado de la hora (las tres de la mañana) y la mala película (los dos lados de la cama). Empecé a escribir un texto dirigido a alguien que sé bien que no merece que le dirija ni el saludo (y, de hecho, hace poco menos de un año que no le dirijo nada, absolutamente nada). El texto me está gustando, pero sé con toda claridad que irá a parar al mismo fólder de mezclilla en que están tantos textos fallidos, truncados, privados que nunca, nunca, serán leídos por nadie más. El problema es que no me detuve ahí, he empezado a escribir en mi mente y en una libreta otros textos semejantes dirigidos también a personas que sé que no se los merecen. Y ya que sé que nadie leerá los textos decidí al menos compartir con quien lea esto su existencia. Quien me conozca bien podrá adivinar los destinatarios imaginados.