martes, 8 de diciembre de 2009

calificatoria


El cierre de un semestre académico es siempre un periodo de sentimientos encontrados. La semana pasada pasé casi diez horas haciendo exámenes orales a mis alumnos. Resultó una experiencia sumamente satisfactoria. Los resultados, en general, superaron mis expectativas. Me sorprendió particularmente una alumna que hasta este momento no había mostrado señal alguna de capacidad, siquiera comparable a la de sus compañeros, contestó adecuadamente a casi todas mis preguntas. Me demostró que es mucho más lista de lo que yo pensaba. Me encanta equivocarme así.

Además del examen oral, me entregaron un ensayo por parejas (ya que tuve 48 alumnos fue la única manera de poder salir viva de esta). Y es justo en este ensayo en donde empieza mi emotional roller coaster. Los ensayos van de lo sublime a lo ridículo con algunos puntos intermedios, a veces y muy pocos. Ya leí todos los ensayos menos uno y puedo compartir los resultados preliminares. Tres ensayos sumamente buenos, dos buenos pero que necesitan un esfuerzo adicional, fuera del molde, para imprimirles la calidad que les falta; muchos ensayos entre regulares y malones; un ensayo completamente ilegible y TRES PLAGIOS.

Uno de los plagios es tan burdo que no se merece demasiada atención: Una página de Yahoo Answers y seis de wikipiedia. Un ejercicio de corta y pega y elimina sin editar porque es demasiado. Hay un pequeñísimo y muy deficiente esfuerzo por disimular las fuentes cambiando algunas palabras "claves" por "sinónimos". Es tan malo que ni a divertido llega.

Lo verdaderamente intrigante son los otros dos plagios. Ya son, claramente, esfuerzos más conscientes y sofisticados por evitar trabajo. Los dos son, mayoritariamente, de fuentes impresas (con énfasis en el plural). Los dos hacen como que citan y hacen un esfuerzo más o menos afortunado por darle continuidad al texto.

En cierta manera resulta halagador que incluso hacer trampa en mi materia suponga un esfuerzo, pero no deja de ser preocupante/enternecedor el nivel de ingenuidad alcanzado. No importa de cuántas fuentes copies, no importa cuánto trabajes para confundir al lector con citas "aparentemente" mal hechas, si al final dejarás que oraciones tales como: "...y al final podría descubrir toda la majestuosidad del exterior y maravillarse con sus bellezas" o "Aunque pueda parecer padójico, el propio Platón desestimó reiteradamente la escritura en general..." te echen de cabeza.

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿por qué escribo?


Es una de esas preguntas a las que se puede contestar a muchos niveles. Por un lado, siempre he admirado la capacidad comunicativa del lenguaje escrito; por el otro es una cuestión instintiva, natural.

Más bien la pregunta que me interesa es ¿por qué este blog? Realmente no creo que tenga nada que enseñarle a nadie (para eso están mis clases, mi otra vida en la que no soy felisbertiana sino tengo nombre y apellido) y sé bien que mi vida no es tan intensa como para resultar una apasionante lectura. ¿Qué busco entonces? No lo tengo demasiado claro. En cierto sentido es una salida, un espacio únicamente mío en que puedo poner por escrito y compartir con quienes estén interesados en leerlo ocurrencias, vivencias, reflexiones, observaciones y ociosidades varias. Hoy es, también, un modo de comunicación con las personas más importantes de mi vida y que están, casi todos, bastante lejos.

Soy una persona sumamente privada, no me gusta exhibirme, no me gusta ponerme en boca de todos. Por eso decidí omitir mi nombre y detalles personales de este blog. Sé que todos mis lectores me conocen y entienden bien lo que digo y lo que dejo de decir pero estoy también apostando a que algo de lo que escribo pueda significar más allá de mi cara y mi vida particular.

¿Por qué me propuse publicar por lo menos una vez al día durante por lo menos un mes? Porque escribir en el blog me hace bien, y justamente en estos momentos en que mi paz es menos estable y mi nivel de trabajo amenaza con ahogarme necesito conservar este espacio de cordura e intimidad compartida. Por si no llevan la cuenta, hoy es el décimo día.

domingo, 6 de diciembre de 2009

contra la procrastinación, full disclosure

Para conjurar la procrastinación, he decidido hacer pública la lista de cosas -no laborales, o laborales que no hago en horario de oficina- que tengo que hacer esta semana.
Así, si no las hago, me echan pleito todos ¿no? La lista no es exhaustiva ni la iré actualizando pero sí publicaré el viernes cuánto de esto hice

  1. Calificar los ensayos de mis alumnos
  2. Lograr orden en mi cuarto a más tardar el miércoles
  3. Cortarme el pelo
  4. Volver a las flores de Bach
  5. Organizar la lista de deseos para el intercambio de la oficina
  6. Comprarme un teléfono nuevo
  7. Acabar la entrada de Hacerte Escribir
  8. Recoger mis faldas en la costurera
  9. Llevar las botas negras al zapatero
  10. Bajo ninguna circunstancia debo seguir leyendo cheap chick lit sé bien que no es buena para mis acostumbrados bajoneamientos decembrinos

sábado, 5 de diciembre de 2009

señales


No me considero una persona supersticiosa pero siempre he creído que, de vez en cuando, la vida pone ante nosotros pequeñas señales.

Desde hace varios años cargo siempre en mi enorme bolsa una libretita. Anoche, como no sabía qué publicar para cumplir el reto (se notó ¿no?) decidí echarme un clavado a mi colección de libretitas para encontrar algo, cualquier cosa que me ayudara a salir del paso. Además de la bonita frase que publiqué oída en alguna conferencia -¿qué quieren? la libreta es un poco vieja y no tengo tan buena memoria- me topé con algo que, creo, es una señal.

Hojaeando algunas de mis múltiples libretitas me encontré los datos de los tres últimos hombres que fueron importantes en mi vida -y me atrevo a decir que son no sólo los tres últimos sino los tres únicos importantes- con su puño y letra. No revisé todas las libretas ni lo hice con particular cuidado pero las tres hojitas de tres cuadernos distintos llamaron mi atención de manera particular.

El efecto que tuvieron en mi me hace afirmar que, sin duda, fue más que una coincidencia. ¿Una señal? ¿qué significa?

just saying


no me gusta diciembre

el frío, el trabajo, el vacío

no me gusta diciembre

viernes, 4 de diciembre de 2009

Hoy escribo...

A fin de transmitir la relevancia sobre la destacada participación del hombre en la actualidad

jueves, 3 de diciembre de 2009

mis hermanos


Mi hermana me sugirió que el post de hoy se llamara "Por qué admiro tanto a mi hermana menor" y aunque, como verán, ése no es exactamente el título, sí es la inspiración.

Como saben (y si no lo sabían, ya lo sabrán) tengo dos hermanos menores: una hermana, M. y un hermano, J. Los dos viven fuera de México hace varios años y los dos son sumamente importantes en mi vida.

Mi madre hizo la hazaña, o cometió la imprudencia, todo es cuestión de enfoques, de tener tres hijos por cesárea en un periodo de dos años, dos meses y doce días. Este hecho tiene, desde mi punto de vista, dos consecuencias principales: La primera es que mis papás no pudieron tener los siete hijos restantes para llegar a los diez con los que soñaban. La segunda, es que le llevo a mi hermano dos años, dos meses y doce días y a mi hermana un año, dos meses y catorce días. Lo digo no sólo para reafirmar una obviedad, sino para señalar que tener dos hermanos que para todos fines prácticos tienen mi misma edad, es una maravilla.

De chicos, mi mamá nos llevaba a los tres en la misma carreola, en una época en la que las carreolas eran mucho menos sofisticadas y no había aditamentos extras. Fuimos al mismo kinder, aprendimos a leer inexplicablemente pronto y sin que nadie nos enseñara. Jugábamos juntos: mi hermana y yo tratábamos de jugar con nuestras muñecas y mi hermano nos molestaba a las dos. Vimos las mismas caricaturas pues crecimos en un mundo en que la programación -sólo vespertina- del canal 5 era la única opción de televisión para los niños. Íbamos a las mismas fiestas, nos invitaban a los tres a las piñatas de los compañeros de los tres; después íbamos a los mismos quince años y más tarde hasta empezamos a ir de antro juntos. Crecimos, reímos, lloramos juntos. Hasta el día de hoy compartimos amigos.

Tenemos el pelo muy chino, los ojos grandes; somos cejones y narigones. Los tres somos ruidosos, conspicuos y bailadores. Los tres cantamos mal pero nos empeñamos en hacerlo sin importar quién nos oiga. Los tres procuramos, en la medida de lo posible, estar presentes en la vida de los otros a pesar de la distancia. Disfrutamos locamente el poco tiempo que estamos juntos y el resto del tiempo nos extrañamos también locamente.

Siempre he creído que tener hermanos es un derecho, a lo que mi hermana siempre agrega que lo ideal es tener por lo menos dos para que uno pueda escoger. La maravilla de mi caso es que no tengo que escoger. Mis dos hermanos son la neta y no les he dicho con suficiente frecuencia lo importantes que son para mí.